Evaristo García Piedrahita
Clara Eugenia y María Cecilia Roa García
Nuestra Fundación lleva el nombre de un gran médico y científico colombiano, Evaristo García Piedrahita (Cali, 17 de noviembre de 1845- Cali, 19 de junio de 1921). Esta es una reseña de las múltiples facetas de su vida que han guiado y continúan inspirando nuestro trabajo en tiempos de enormes transformaciones socio-ecológicas. Vislumbramos una persona profundamente comprometida con un territorio que amaba, con una profesión que le permitió compartir generosamente y con un espíritu alegre y curioso que lo condujo por diversas áreas de conocimiento.
Como académico, fundó y dirigió junto con Plinio Rengifo, el curso universitario de anatomía patológica en la Universidad Nacional de Bogotá, donde recién se había graduado en 1872…
Como científico, su espíritu investigador le proporcionó valiosas experiencias como epidemiólogo y salubrista. Sus observaciones y conclusiones sobre las enfermedades infectocontagiosas…
Como médico, a pesar de distinguirse más como clínico que como cirujano, practicaba cirugías menores y tal vez fue el primero que practicó en Colombia la esplenectomía u oblación del bazo desde 1877…
Como ciudadano y hombre público, con una desbordante personalidad, se dedicó también a sacar adelante obras importantes para su ciudad. Fue gerente de la Compañía Constructora de Obras Públicas…
Como político, estuvo interesado en el desarrollo de su región, ideológicamente afiliado al ala radical del partido liberal colombiano. Ocupó varios cargos, entre ellos, el de presidente del concejo de Cali…
Como historiador, fue fundador del Centro Vallecaucano de Historia y Antigüedades en 1912, lo que es desde 1946 la Academia de Historia del Valle del Cauca…
Como miembro de familia y de su región, después de su formación en París y Londres, se radicó nuevamente en su ciudad natal en 1877 y se casó en 1879 con la señora María Josefa Vásquez Cobo…
Reconocemos en Evaristo García una persona con un profundo arraigo a su lugar de vida, una inmensa curiosidad y fascinación por la diversidad y la complejidad de las relaciones humanas con la naturaleza, y un espíritu alegre de servicio, generosidad y solidaridad.
Desde la Fundación que lleva su nombre, queremos seguir su ejemplo. Aunque nos separan más de siglo y medio desde su nacimiento, nos inspiran su inteligencia para abordar los problemas de su época, su visión de condiciones de vida digna para sus coetáneos y las generaciones futuras, y su compromiso con la acción transformadora. En esta época de grandes desafíos socioambientales, su ejemplo de vida académica, científica y pública nos convocan a trabajar por una ciencia que abarque múltiples saberes, y como lo hizo él mismo, reconociendo los lazos afectivos de nuestra condición vital.